EL APRENDIZAJE SOCIO EMOCIONAL DENTRO DE CASA

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE PRÁCTICAR EL APRENDIZAJE SOCIOEMOCIONAL DENTRO DE CASA CON LOS NIÑOS EN ESTAS VACIONES DE VERANO?


Nosotros los humanos somos seres sociales y requerimos por naturaleza vivir en círculos sociales, pertenecer a diversos espacios como es el vecindario, el club deportivo, el colegio, el grupo escolar de los o las populares, por ejemplo. Para ello es importante poner en práctica diversas formas de relacionarnos con normas, códigos y gestiones de nuestras emociones que nos llevan a mantener la sana convivencia y libre de caos.



Recordemos que cuando sentimos una emoción, ésta nos lleva a un pensamiento, el pensamiento nos lleva a una acción y palabra y así se desencadenan formas de comportamiento para relacionarnos con quienes convivimos.


Para que esto funcione es importante gestionar las emociones de forma funcional con la intención de comprendernos, descifrarnos, tomar decisiones, entender al otro, descifrarlo y respetar las elecciones del otro para obtener un bien común.


El trabajo socioemocional es un proceso no un suceso, se entrena poco a poco con acciones y al identificar las emociones en la cotidianidad y decidir qué hacer con ellas.


 

Retomemos información

El aprendizaje socioemocional nos permite tomar cada vez mejores decisiones, dirige y/o administra nuestras emociones, nos permite relaciones intrapersonales saludables, trabajar en equipo, desarrollar la autoestima con bases solidad, enfrentar retos y gestionar soluciones posibles.


 

Para explicar mejor lo anterior, me gustaría compartir el ejemplo de alguna forma de relación y posibles ideas para mejorar esa relación familiar. En especial referentes a las acciones, reacciones y sobre cómo lo seres pertenecientes a una familia podemos convivir, sobre todo, cuando estamos mucho tiempo juntos, en un espacio llamado “casa” en donde usamos áreas comunes (sala, cocina, en ocasiones el baño, sala de juegos o descanso, comedor, entre otros).


Ejemplo: Si todos están en la sala de descanso, cada uno haciendo sus cosas. Los niños juegan entre ellos, la mamá lee, los hermanos mayores platican y de repente se escucha una voz fuerte en la que un hermano o hermana dice, con tono agresivo al otro u otra, que deje de estar $%&#”! con palabras soeces o bien en forma descortés, además en ese momento trae a flote con palabras todo lo que le ha hecho anteriormente, se desencadena el caos en la sala e irrumpe la convivencia.


Los otros hermanos o hermanas toman partido uno por el otro, la mamá los detiene; les comenta que dejen de pelear, que siempre es lo mismo y no entiende por qué no pueden pasar un rato en paz todos.


Analicemos la situación anterior: todos estaban en un espacio común aun cuando no compartían la misma actividad permanecían juntos en armonía hasta que la acción de uno de los integrantes de la sala ocasionó una emoción, desató posiblemente diversos pensamientos (ya empezó a agredirme de nuevo, por qué es tan egoísta, etcétera) que lo llevó a una reacción o acción el hablar fuerte con altisonancia y expresar resentimiento, además provocó reacción en el otro participante que buscó defenderse ya que posiblemente también se sintió atacado.


La solidaridad familiar, así como el sentido de pertenencia de los hermanos hacen frente común y toman partido, la mamá quiere detenerlos mientras aparecen en ella emociones que la llevan a realizar un juicio sobre las acciones de los hijos. Aquellas emociones gestionadas de diferente forma en un mismo espacio común desataron un caos.


Como el ejemplo anterior existen muchos con sus diversas variantes, aquí lo relevante es:


¿Qué podemos hacer para empezar a trabajar en familia con nuestras emociones y que nos permitan reacciones con mayor posibilidad de sana convivencia?


Cabe mencionar que cada tip que se brinde en este artículo funciona practicándolo constantemente. Es como aprender a patinar: no podemos aprender a patinar si leemos un manual de cómo hacerlo y sólo usar los patines una o dos veces. Habrá que practicar hasta dominar la técnica; con la gestión de emociones es semejante. No existen soluciones mágicas, sin embargo, existen acciones de bien común con una administración sana de emociones dentro de una familia o grupo social.


6 tips para gestionar de forma sana las emociones de los niños en casa


1. Practiquen la técnica del semáforo y hagan saber al otro el color. Si estás tranquilo, lo denominamos normal es color verde; si algo me empieza a irritar y trae emociones que pueden provocar explosiones volcánicas es amarillo, cuando el volcán explota o ya la emoción se apodera de nosotros, es rojo.


Si una acción o comentario del otro movió nuestras emociones, nos lastimó o creó conflicto podemos comentar amablemente y tono calmado “tu comentario me hace estar en amarillo, dame unos minutos por favor” y retírate un momento.


2. Cuidar nuestras palabras para que sean impecables como dice el Dr. Ruiz en su libro “Los cuatro acuerdos”. A veces creemos que el ser directos y decir con toda franqueza las cosas nos hace honestos, pero nuestras palabras pueden ser desconsideradas, hostiles o groseras, además de lastimar la intimidad, emociones y naturaleza del otro. Así, nuestras palabras son poco viables para convivir, estar en paz y practicar la empatía.


Podríamos comentar a la persona que creemos nos lastimó con sus palabras de forma cortes que la forma, tono y dicho de ella nos lastimó y que puede decirnos las cosas sin lastimarnos, no es necesario llegar a eso para solicitar lo que la otra persona desea.


3. Practicar la amabilidad y jovialidad en casa. Este aspecto se une con los otros, sin embargo, tiene su individualidad y efecto impactante en el otro y la convivencia. Practicar estar feliz y pedir las cosas, con las palabras mágicas, por favor y gracias cuando estamos con otros ayuda a sanar y hacer fluir la convivencia, siempre es mejor escuchar tonos de voz afables y no impositivos que parezcan regaños, claro si desean añadir palabras cariñosas y positivas siempre viene bien.


Podemos decir “hermanita o hermanito te quiero mucho”, “puedes hablarme con más amabilidad”, “por favor, mami hermosa puede pásame tal cosa”, entre otros. Aunque parezca cursi siempre es mejor el exceso de amabilidad que la hostilidad.


4. Practicar sonreír y dar los buenos días, buenas tarde y buenas noches, este tip es muy común y simple, sólo que a veces se nos olvida al adentrarnos en la cotidianidad.


¿Te has fijado que al ir por la calle y alguien te sonríe automáticamente te saca otra sonrisa y no sabemos cómo, pero nuestro momento mejora? Sonreír aligera la convivencia, genera endorfinas y crea lazos de confianza, así que ¡a practicar la sonrisa!


5. Practicar la empatía: ponernos en el lugar del otro no es cosa sencilla de practicar, pero sí es posible. Jueguen a taparse los ojos todo el día y hagan sus labores sin ver, busquen que los miembros de la casa los apoyen, entonces al final del día se habrán puesto en el lugar de aquel que no ve y el otro miembro de la familia ocupó el lugar de otro familiar. Pueden hacerlo con diferentes miembros del cuerpo o voz o cualquier variante, jueguen a que un hijo o hija haga las labores diarias de la mamá o papá y viceversa, este tipo de juego nos hace reflexionar sobre la importancia de la tarea del otro y pone en juego un sinfín de emociones que permiten espejearse entre ellas.


6. Practicar el bien común, este es un punto complejo para el que es recomendable reconocer que toda tarea, persona y espacio común es importante. Reflexionemos diario que la tarea que hacemos cada uno de los miembros familiares es relevante sin importar lo mínima que sea, afecta a todos: si yo dejo mis cosas, chamarras, útiles en la sala y no las recojo, llegará un momento donde estemos atrapados de cosas y la sala no se podrá usar. Afecto un área común, es importante responsabilizarnos de nuestras cosas, actos.


Si vemos la sala sucia podemos ayudar a limpiarla sin cuestionar quién la ensució, lo haremos por el bien común, que es relevante para la convivencia familiar, de hecho, también considera los demás puntos aquí establecidos, incluye el lenguaje, la forma de tratar al otro, etcétera. Si yo quiero vivir en un lugar sano y limpio acciono para estar en un lugar sano y limpio.


Recuerda, esto es un proceso no un suceso, no porque lo hagas tres veces ya es todo; práctica, práctica y práctica diaria en todo momento para que se convierta en una forma de vida y notes el cambio


Cuéntame cómo te fue con esto, espero tus comentarios.


Saludos, bendiciones y sean felices


Dra. Zaquille Dagdug Mrtz.

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